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Tu bebé ahora mide unos 34 cm de la cabeza a los pies y pesa alrededor de 1 kg.

El feto pasa a una etapa nueva de su crecimiento; a partir de ahora, las medidas se tomarán de los pies a la cabeza y no del vértex a la rabadilla.

El bebé tiene en estos momentos más papilas gustativas que las que tendrá cuando nazca, por eso puede ser que reaccione con hipo a los sabores muy picantes que le llegan en el líquido amniótico. En los fetos, el hipo se produce de forma distinta a la nuestra por la ausencia de aire en los pulmones y no habrá ruido, sólo espasmos.

Hasta que nazca, el bebé no podrá obtener oxígeno por sí solo a través de los pulmones. Por ahora, el oxígeno le llega a través del cordón umbilical conectado a la placenta y también a través del líquido amniótico que ingiere. No obstante, el bebé ya está ensayando movimientos respiratorios subiendo y bajando el diafragma.

A estas alturas, tu bebé está casi formado, por lo que si naciera ahora, tendría un 80% de posibilidades de sobrevivir, aunque las complicaciones y las secuelas pueden seguir siendo graves. Piensa que hasta que nace puede triplicar su peso, algo necesario para poder salir del útero con buenas garantías para la supervivencia.

¿Qué me está pasando?

Embarazo y cafeina

Por la noche, es muy posible que sientas las piernas cansadas o tengas los pies algo hinchados a causa de la retención de líquidos. (link: Cuando la hinchazón es excesiva)

En el abdomen pueden persistir los picores y es muy frecuente que aparezcan estrías. Para evitar que vayan a más, es importante beber lo suficiente e hidratar todo el cuerpo, pero especialmente la barriga, la cintura y el pecho. (link: El agua en el embarazo)

Precisamente, en el pecho notarás un cambio de pigmentación en el pezón, cada vez más grande y más oscuro. También es posible que aparezcan unos bultos pequeños, las glándulas de Morgagni, responsables de segregar una sustancia que protegerá el pecho de posibles infecciones durante la lactancia.

Los movimientos fetales van en aumento. Tu bebé se mueve mucho durante estas semanas y puede que, en ocasiones, sea algo brusco, si tomas alguna postura que le resulte incómoda. De manera que ya sabes, cambia de postura y, muy posiblemente, tu bebé dejará de quejarse estirando sus extremidades.
El tamaño del útero es tal que tu vejiga se siente muy comprimida y necesitas ir muy a menudo al baño. Rebaja la ingesta de líquidos por la tarde y durante la cena, para que la sensación constante y molesta de tener que ir a hacer pipí disminuya.

Si sientes dolor en la espalda, realiza ejercicios pélvicos para relajar la musculatura y descargar el peso que se acumula en la espalda. (link: Embarazo: actividades que mejoran tu estado).

Pruebas médicas

Si quieres tener un recuerdo de tu bebé en esta etapa, es el momento de realizar una ecografía en tres y cuatro dimensiones, ya que el bebé cuenta con el tamaño mínimo para este tipo de ecografías y está casi rodeado por completo de líquido amniótico. Estas condiciones facilitarán su visualización para poder apreciar muchos detalles de su rostro, así como sus movimientos dentro del útero materno.(link: Ecografías, una ventana al interior).

En caso de que en la anterior ecografía se haya diagnosticado una anomalía congénita, se realizará esta ecografía en tres dimensiones en cualquier hospital, sea público o privado, para valorar cómo ha evolucionado el trastorno detectado previamente.

Si la prueba de la diabetes gestacional, el test de glucemia de tres horas, da positivo porque dos de los cuatro valores de glucosa están por encima de los niveles máximos establecidos, serás derivada al endocrino. El objetivo es pautar tu alimentación y, en general, tus hábitos diarios (tipo de ejercicio, nivel de actividad física...). Además, ya en la primera cita te explicarán cómo debes llevar tu propio registro de tus niveles de azúcar. Así, cualquier subida de azúcar quedará apuntada para que luego puedas valorar con tu endocrino a qué se debe una posible subida de azúcar (quizá te excediste a la hora de comer arroz, comiste más fruta de la cuenta...). El mecanismo es muy sencillo y se suele emplear un medidor de glucemia que consta de un pequeño monitor que te indica el nivel de glucosa en sangre, a partir de un rápido análisis de una tira reactiva donde previamente habrás depositado una gotita de tu propia sangre pinchándote en la yema de un dedo con una pequeña lanceta. Normalmente, estos análisis rápidos los harás en ayunas, tras el desayuno, tras la comida y tras la cena, aunque puede ser que tu endocrino te dé otras indicaciones.