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En nuestro primer mundo es difícil vernos afectados por un tifón, tornado o terremoto que cause daños graves en las infraestructuras, miles de muertes y huérfanos. Sin embargo, por desgracia, estas situaciones sí son habituales en los países en vías de desarrollo y debemos recordar que, en situaciones de emergencia, la lactancia materna salva vidas.

Lactancia FilipinasPara entender la dimensión de esta realidad, nos retrotraemos a uno de los desastres más aterradores vividos recientemente, el tsunami del Índico de 2004. Tras esta catástrofe, quedó claro que enviar leche artificial de forma incontrolada en las zonas devastadas era un error. Las ONG repartían la leche de manera indiscriminada a todas las madres, y ese gesto humanitario favoreció una gran mortalidad infantil. La leche artificial enviada a través de donaciones internacionales es un regalo envenenado en situaciones de emergencia.

¿Y qué hay que hacer en caso de desastre?

En primer lugar, debemos aclarar que las madres y los niños que estaban con lactancia materna antes del desastre deben seguir con la lactancia materna. Cabe recordar que es un mito que por un sobresalto o susto las madres se quedan sin leche, pues el cuerpo de una madre es una máquina perfecta y por un susto, sea pequeño o grande, no deja de producir oro blanco. Por lo que se refiere a las madres que quizá, de manera puntual, van a recibir poca alimentación, hay que saber que pueden seguir amamantando, pues ni la producción ni la calidad de la leche queda afectada por sus posibles problemas de alimentación.

Asegurando que los niños lactantes van a seguir alimentados gracias a la lactancia materna, en segundo lugar, hay que asegurar al resto de la población infantil con medidas básicas de higiene y con agua potable, la mayoría de las veces, una misión complicada por no decir imposible. En estos casos, la preparación de la leche artificial resulta una odisea, pues ésta no es estéril y el solo hecho de ser reconstituida con agua no hervida puede ser causa de infección bacteriana. Además, en la mayoría de países devastados resulta muy complicado disponer de combustible para calentar y lavar los biberones o recipientes con que se vaya a ofrecer la leche. Por ello, es vital que siempre que sea posible, la madre amamante a su hijo, porque de esta manera le está asegurando la supervivencia.

¿Y los niños huérfanos?

La Estrategia Mundial para la Alimentación del Lactante y el Niño Pequeño deja claro que, en el caso que un bebé no pueda recibir leche materna, deberá buscarse a una nodriza sana para que lo alimente. Sólo si esto no es posible, se recurrirá a la leche artificial y siempre bajo control. Además, los niños huérfanos tendrán que mantenerse juntos, tutelados, recibiendo una alimentación adecuada para ellos. Esto significa que habrá que garantizar la higiene a la hora de preparar la leche artificial y a la hora de lavar los recipientes en que será administrada.

Asimismo, se debería abolir el uso del biberón como receptáculo para suministrar la leche a los bebés o a los niños. La administración de la leche se puede hacer en un vaso o en una taza, recipientes que tienen menos riesgo de contaminación y también menos riesgo de confusión, ya que cabe la posibilidad de que muchos niños puedan reencontrar a su madre (o a una mujer de la familia que los pueda amamantar) al cabo de unos días.

Como vemos, la leche artificial puede ayudar sólo como última opción, si se toman las medidas higiénicas básicas. Por ello, siempre hay que hacer prevalecer la leche materna por sus garantías nutricionales e higiénicas. Como vemos, la leche materna es un tesoro y en situaciones de emergencia puede marcar la diferencia.

Alba Padró
Asesora de lactancia
IBCLC/308-75146. L-28797