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Oportunidad de cambio, de crecimiento, de profundización, de aceptación, de revisión, de reflexión, de introspección, de búsqueda y hallazgo, de perderse y encontrarse, de irse para volver...
El puerperio, que muchos sitúan entre el nacimiento del bebé y las primeras 6 semanas, y otros extienden mucho más allá, al menos hasta los dos años, es el período de nuestra vida que nos brinda la oportunidad de volver a nacer. Nace nuestro bebé y nacemos nosotras como madres.

Herida emocionalTenemos, pues, ante los ojos un lienzo en blanco, una caja nueva de pinturas y unos pinceles sin estrenar con los que empezar a pintar, a dar color, o no, a lo que queremos ser, a lo que esperamos ser, a la madre en la que queremos convertirnos y a la mujer que aspiramos a ser.


Y es que, cuando un bebé nace, cuando un bebé llega a nuestras vidas, casi parece obligatorio que el tiempo pase rápido, que las emociones y los desconciertos se vivan deprisa y se pasen pronto para poder volver a meter todo lo nuevo otra vez en su caja de regalo y volver a sacar todo lo viejo y conocido que teníamos... parece que llega el bebé y todo nos urge a ser la de antes, a recuperar nuestra figura, nuestro trabajo, nuestros paseos, nuestros tiempos y espacios para nosotras... y, a veces, nos olvidamos que no es obligatorio. Que, si queremos, podemos intentar volver atrás y recuperar a la mujer que éramos; pero que, si no queremos, también podemos transformarnos en una nueva mujer. Y es que, a veces, aunque el mundo en el que vivimos nos diga lo contrario, es más difícil recuperarse que reinventarse. Siempre digo que, cuando una se convierte en madre, es como si alguien viniese y desmontase, de una sola patada, el puzzle que tanto nos había costado construir; y claro, ya que nos ha costado tanto, lo justo es que nos dejasen volver a montarlo... pero lo cierto es que ese puzzle ya no es el que era, hay, al menos, una pieza más... por eso todo cuesta tanto, por eso, por mucho que nos empeñemos, los tiempos no cuadran, el espacio se nos queda pequeño y la del espejo se nos parece tan poco... porque nos cambiaron las piezas. Podemos, como digo, volver a montar, con mayor o menor esfuerzo, el puzzle que teníamos. Podemos ser la de antes. O no. Podemos aprovechar y cambiar el puzzle a nuestro antojo, cambiarlo todo, hasta las reglas del juego. Y es que, en el puerperio, con el bebé en brazos, la vida se vuelve oportunidad. En el puerperio, todo es posible.

Nuria Otero Tomera