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Sabéis que es normal que a vuestro hijo le cueste compartir sus juguetes con otros niños de su edad e, incluso, comprendéis que, en ocasiones, se le escape algún empujón o mordisco cuando está en la guardería o jugando con otros niños en el parque. Sin embargo, estáis comprobando que esta conducta cada vez es más habitual, pues se está acostumbrando a recurrir al mordisco para solucionar cualquier conflicto con un niño.

MordiscosA continuación, os proponemos unas sencillas pautas de actuación para reorientar esta conducta una vez que ya se ha producido el mordisco.

  • Diremos "no" de manera firme pero sosegada. Al niño debe quedarle claro que desaprobamos su acción, nunca a él mismo. Por ello, desterraremos expresiones del tipo "eres malo", "eres muy bruto", "siempre haces igual"...
  • A continuación, diremos algo parecido a "morder hace daño a los demás".
  • Tranquilamente, apartaremos a nuestro hijo con nosotros unos minutos para tomar distancia del lugar del conflicto y del niño al que ha agredido, quien estará siendo atendido por el adulto que lo acompaña.
  • Aunque depende del niño, pues algunos estallan en llanto cuando son reprendidos y otros siguen tan tranquilos, en cualquier caso, antes de repetirles que morder no está bien, nos aseguraremos de que está atento. Le preguntaremos qué ha sucedido, para que vea que lo tenemos en cuenta independientemente de su mala conducta y, a continuación, de forma sencilla y clara, le explicaremos que no puede morder a nadie porque esa acción duele y que, en cambio, tiene que utilizar palabras para decir lo que quiere. Si vemos que se muestra receptivo y aún está atento, añadiremos que con la boca se habla, se dan besos y se come, pero nunca se dan mordiscos.
  • Es importante que, antes de volver al lugar donde está el niño agredido, le dejemos claro a nuestro hijo que le tendrá que pedir perdón y que, si vuelve a repetir esa conducta, os tendréis que ir del parque.

En el día a día podemos aprovechar multitud de situaciones para corregir esta conducta, con la cautela de no resultar pesados.

  • Cuando le demos un beso diremos "con la boca se dan besos".
  • Procuraremos ser un ejemplo a seguir en cualquier situación, intentando resolver los conflictos con un tono conciliador.
  • Elogiaremos, de manera natural, las situaciones que el niño resuelva sin recurrir al mordisco.
  • En el momento de la comida, recordaremos "lo que se muerde y se mastica son los alimentos".

Siguiendo estas recomendaciones y, sobre todo, confiando en nuestro hijo y respetando su ritmo de maduración y sus propias necesidades, veremos que, en menos de lo que nos pensábamos, el problema de los mordiscos estará resuelto. Sin embargo, si no veis fin a esta etapa, deberéis revisar todo lo que puede afectar a vuestro hijo con el objetivo de saber cuál es la verdadera causa de su comportamiento. En estos casos, la colaboración de la tutora del niño o la experiencia de un psicopedagogo puede ser de gran ayuda.

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